domingo, 14 de octubre de 2007

LA COMUNICACIÓN EN EL DOCUMENTO DE APARECIDA

por: Justo Ariel Beramendi


La reflexión de la Iglesia católica va madurando y evolucionado a la par del contexto histórico, cultural y tecnológico de los instrumentos de comunicación social, sin olvidar en ningún momento que estos medios de comunicación continúan en desarrollo e incidiendo cada vez más en la sociedad. Antes de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, haciendo una mirada retrospectiva esta es la reflexión sobre la Comunicación en la Iglesia Latinoamericana y Caribeña.




LA COMUNICACIÓN EN PUEBLA (1979)

En la Asamblea del Episcopado de América Latina y el Caribe realizada en Puebla a finales del 1979, el hilo conductor del pensamiento de la Iglesia Católica en América Latina y el Caribe ha sido subrayar que la Evangelización, anuncio del Reino, es comunicación y que por tanto la comunicación social debe ser tenida en cuenta en todos los aspectos de la transmisión de la Buena Nueva. (D.P.1063)

Una de los conceptos constantes en dicha reflexión es la idea de que la misión esencial de la Iglesia es la Evangelización, y que se no podría prescindir de los medios de comunicación para anunciar eficazmente el mensaje cristiano.

“La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más” (Evangelii nuntiandi, 45)

Así pues, la reflexión y actitud de la Iglesia ante estos instrumentos va cambiando en la medida que los mismos inciden cada vez más en la sociedad y por ende en la vida de la Iglesia.

En Puebla se reconoce que los agentes de pastoral no están formados en esta área (D.P.1077) y que se haría bien en encontrar espacios para la formación en el área de la comunicación social, incluso se veía con buenos ojos la inversión en este campo por parte de los superiores.

Si en Puebla se hace referencia a la comunicación “masiva”, en Aparecida ya no se puede dejar de hablar de un ecosistema comunicativo como producto de la globalización.

Frente a la situación de pobreza, marginalidad e injusticia el documento de Puebla, en el campo de la comunicación, proclama que la Iglesia tendría que dar más voz a los desposeídos (D.P.1094); hoy en día son los mismos medios de comunicación que ofrecen la posibilidad - a los que antes eran ignorados – de no ser simplemente receptores pasivos sino también emisores activos que interactúan con la realidad y que de alguna manera encuentran espacios para amplificar “la voz” que siempre han tenido y que lo sociedad no escuchaba. El rol de la Iglesia en este contexto, será el de la promoción humana integral, es decir no sólo un asistencialismo material, sino acompañado de la adecuada información y formación para que las personas puedan saltar la brecha digital y abandonar la situación de exclusión en la que se encuentran por falta de acceso a las nuevas “cartas de ciudadanía” que ofrecen los medios de comunicación social.

Si bien en la década de los ’80 en Puebla se afirma el derecho a la información (D.P.1095). El documento de Aparecida asume las nuevas formas de exclusión y habla del analfabetismo en el uso de los nuevos medios de comunicación y muestra una gran preocupación por las nuevas formas de marginación causada por quienes acceden a la información y las nuevas tecnologías de comunicación (info-pobres D.A. 490) y las personas capaces de utilizar y acceder a estos instrumentos de comunicación. (info-ricos)

LA COMUNICACIÓN EN SANTO DOMINGO (1992)
En Santo Domingo la reflexión sobre la comunicación da otro paso de madurez al entender la comunicación - Evangelización, anuncio del Reino - como comunión (D.S.D. 279) “Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1Jn 1,3).

El “salto” que el documento de Santo Domingo hace en la reflexión sobre la comunicación es considerable; se concibe a la evangelización en sí misma como comunicación dirigida a la comunión. De hecho la reflexión que proponen los obispos en este documento, es fruto de una reflexión articulada en términos de teología de la comunicación (el misterio trinitario, y la encarnación del Hijo de Dios, vistos en términos de comunicación divina y de comunicación de lo divino con lo humano).

Luego de esta reflexión teológica, Santo Domingo pasa a la dimensión pastoral práctica bajo la premisa de “Intensificar la presencia de la Iglesia en el mundo de la Comunicación” como una de las prioridades para los responsables del pueblo de Dios (cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, 23)

Sin embargo los obispos en Santo Domingo advierten que los medios masivos de comunicación corren el riesgo de manipular e imponer visiones del mundo, sobre todo porque la propiedad de las grandes empresas mediáticas está en manos de pocos. Así, se hace un llamado a que los agentes de pastoral estén vigilantes y críticos a momento de consumir productos mediáticos.

Como respuesta pastoral en ese contexto, se plantea desde el documento de Santo Domingo, usar los medios de comunicación como un instrumentos a favor de la cultura y de comunión al interior de la Iglesia y como un espacio de diálogo Iglesia-Mundo.

Al igual que Puebla, en Santo Domingo se reitera que la formación crítica y profesional en el uso de los medios de comunicación social son la respuesta pastoral en el área de las comunicaciones sociales; en este sentido ambos documentos apelan nuevamente a los organismos y a las asociaciones públicas católicas de comunicadores para encontrar en ellas un espacio de apoyo mutuo y de formación en este campo.

En 1992, cuando se publica este documento, aún no existe el fenómeno de la convergencia de los medios en el formato digital, y el Internet no había irrumpido en la sociedad; la telemática y la informática eran concebidas sólo como “nuevos desafíos para la integración de la Iglesia en ese mundo” (D.P.280); por eso si en Santo Domingo se habla de la Cultura de la Imagen, en Aparecida se habla de la sociedad de la información

LA COMUNICACIÓN EN APARECIDA (2007)

“Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”. Bajo este lema la Iglesia Católica en América Latina y el Caribe ha visto la realidad y desde una mirada de fe ha evaluado y dado un juicio crítico sobre la vida de la Iglesia en el contexto actual; invitándonos –finalmente - a tomar conciencia de nuestra identidad de discípulos y misioneros de Cristo. (“ver, juzgar y actuar”, D.A.19)

Si bien el documento de preparación a la V Conferencia no daba mucho espacio a la realidad de la comunicación al interior de la Iglesia[1]; grata fue la sorpresa al conocer que la reflexión de los obispos del Continente de la Esperanza regaló a la Iglesia un documento que todo él invita a ser leído en clave de comunicación.

Allí donde veamos la palabra misión, comunión, evangelización, testimonio o discipulado la entenderemos como la acción de comunicar a Cristo y su mensaje. Es este sentido debemos tener claro, que los miembros de la Iglesia – actuando según en Evangelio – cuando evangelizamos estamos comunicando y cuando comunicamos estamos evangelizando.

Por esto el documento de Aparecida ha sido escrito en clave de comunicación, ya que se hace un llamado vehemente a ser discípulos y misioneros de Cristo, es decir ha comunicarlo usando los medios a nuestro alcance, empezando – claro está – desde la propia vida.

El mensaje de conversión y animación pastoral al interior de la Iglesia – según el nuevo documento de Aparecida - también se debe reflejar en una renovación espiritual y misionera que se proyecte hacia fuera (D.A.99) en forma de un diálogo constante entre la Iglesia y la sociedad.

Con la intención de profundizar el tema de la comunicación en Aparecida podemos esquematizar nuestra reflexión en cinco apartados:
1. el contexto de globalización
2. oportunidades
3. riesgos
4. propuesta pastoral
5. La opinión pública y la Iglesia

1. Contexto actual. Globalización debida a los medios de comunición social
Un primer acercamiento al índice del documento de Aparecida – en la primera parte del documento bajo el título “la vida de nuestros pueblos hoy”, es decir los 2 primeros capítulos; evidencia la reflexión y descripción de la realidad actual hecha por los obispos de América Latina y el Caribe. El innegable fenómeno de la globalización es el que marca dicha reflexión; de hecho se reconoce que la sociedad actual, caracterizada por los profundos cambios en tan poco tiempo, está condicionada por este fenómeno.

Una realidad que, sin duda, interpela a los miembros de la comunidad católica (D.A.33) y que es causada entre otros factores por el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de comunicación social.

“Un factor determinante de estos cambios es la ciencia y la tecnología, con su capacidad de manipular genéticamente la vida misma de los seres vivos, y con su capacidad de crear una red de comunicaciones de alcance mundial, tanto pública como privada, para interactuar en tiempo real, es decir, con simultaneidad, no obstante las distancias geográficas. Como suele decirse, la historia se ha acelerado y los cambios mismos se vuelven vertiginosos, puesto que se comunican con gran velocidad a todos los rincones del planeta.” (D.A.34)

Como ya mencionamos anteriormente, si los documentos anteriores a Aparecida hablaban de una cultura de la imagen y de medios de comunicación de masas; la reflexión en Aparecida parte del mismo hecho que la sociedad de la información en la que nos encontramos, es producto del “ecosistema comunicativo” creado por las nuevas tecnologías de comunicación, donde estos instrumentos lo invaden todo, y en no pocas ocasiones pueden amenazar la privacidad de los ciudadanos, o al menos poner en cuestión qué es lo privado y qué lo público.

2. Nuevas oportunidades ofrecidas por las nuevas tecnologías
A nivel interpersonal, se afirma que los nuevos espacios de comunicación son una oportunidad para reforzar y estimular el intercambio de experiencias y de informaciones que intensifiquen la práctica religiosa a través de acompañamientos y orientaciones entre la comunidad.
Los obispos del Continente Latinoamericano y del Caribe ven como un signo de esperanza el gran número de medios de comunicación que tiene la Iglesia y con el que puede incidir en la cultura (D.A.f-99).

Aparecida asume como una realidad el fenómeno de la globalización y con los parámetros de la Doctrina Social de la Iglesia ve necesaria la globalización de la solidaridad y de la justicia internacional (D.A.406) que será posible utilizando activamente los nuevos espacios de participación civil creados por los medios de comunicación, donde se pueda promover la democracia, la economía solidaria y un desarrollo integral. Si por un lado existe la manipulación de la información, por otro lado los agentes pastorales están llamados a seguir creando y promoviendo espacios donde todas las personas sean reconocidas y escuchadas.
Con el Santo Padre Benedicto XVI podemos afirmar que la Buena Noticia anunciada por la Iglesia debe utilizar los instrumentos que tiene a su alcance, “no hay que limitarse sólo a las homilías, conferencias, cursos de Biblia o Teología, sino hay que recurrir también a los medios de comunicación: prensa, radio y televisión, sitios de Internet, foros y tantos otros sistemas para comunicar eficazmente el mensaje de Cristo”[2] pero por otra parte es necesaria “también una catequesis social de la Iglesia, siendo muy útil el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, pues hay que recordar que la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana”[3].

3. Riesgos
Si bien el documento de Aparecida, ha sido escrito en clave de comunicación y puede ser leído y puesto en práctica como tal, la reflexión de nuestros pastores no escatima palabras al momento de alertar sobre los riesgos que conlleva el ecosistema comunicativo donde actúa la Iglesia y cada uno de sus miembros.

Por un lado, se señala la situación donde los jóvenes son víctimas de la influencia negativa de la cultura postmoderna, especialmente de los medios de comunicación social, “trayendo consigo la fragmentación de la personalidad, la incapacidad de asumir compromisos definitivos, la ausencia de madurez humana, el debilitamiento de la identidad espiritual, entre otros, que dificultan el proceso de formación de auténticos discípulos y misioneros.” (D.A.318)

También se aclara que si bien nuestra vida – en cierto sentido – está condicionada por el contexto de los medios de comunicación social, éstos no dan el sentido de la vida. Leemos en el documento “…necesitamos, al mismo tiempo, que nos consuma el celo misionero para llevar al corazón de la cultura de nuestro tiempo, aquel sentido unitario y completo de la vida humana que ni la ciencia, ni la política, ni la economía ni los medios de comunicación podrán proporcionarle.” (D.A.41)

Los obispos desde Aparecida denuncian que los grandes medios de comunicación están creando una cultura donde la ciencia y la técnica sirven sólo al mercado con los “únicos criterios de la eficacia, la rentabilidad y lo funcional” (D.A.45) marginando la dignidad de la persona humana.

Otro riesgo que surge en el contexto de la sociedad de la información, podemos señalarlo con el neologismo de la “info-toxicación[4]”; es decir hoy más que nunca – advierten los obispos – estamos sumergidos en cantidades impresionantes de información donde se hacen urgentes los criterios para leer críticamente la información con la que somos “bombardeados” (D.A.36) “Los medios de comunicación han invadido todos los espacios y todas las conversaciones, introduciéndose también en la intimidad del hogar. Al lado de la sabiduría de las tradiciones se ubica ahora, en competencia, la información de último minuto, la distracción, el entretenimiento, las imágenes de los exitosos que han sabido aprovechar en su favor las herramientas tecnológicas y las expectativas de prestigio y estima social” (D.A.39) corriendo el riesgo que las personas busquen el sentido de la vida en lugares donde de hecho no la encontrarán y que permanezcan sólo como sujetos desorientados.

4. Pastoral
Los obispos de América Latina y el Caribe dan un impulso a que los cristianos católicos usemos los instrumentos y lenguajes actuales para comunicar a Cristo, advierten que muchas veces como Iglesia no usamos los códigos con los cuales comunica hoy la sociedad moderna, quedando marginados del amplio diálogo social y cultural (D.A.100-d).

En este sentido la concepción de la comunicación social y sus medios no puede ser sólo intrumentalista, es decir, ver la comunicación dentro de la Iglesia sólo como algo meramente técnico; sino como una acción transversal al actuar de la Iglesia que con lleva una forma de expresarse, de escuchar, de estar atentos a los signos de los tiempos y la cultura de hoy.

Aparecida valoriza mucho el rol del laicado cuando habla de actividad evangelizadora laical, y la incidencia de los laicos en la cultura actual – formada y tantas veces deformada por los medios de comunicación -; es precisamente en este espacio que los bautizados están llamados a comunicar a Cristo, “sobre todo en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos” (D.A. 174)

El documento de Aparecida toca el tema de la pastoral de la comunicación en el apartado 10.3 del capítulo 10 “Nuestros pueblos y su cultura”.

Se parte de la constatación que la cultura mediática es el mundo en el que nos movemos (n.484); se reconoce que el primer anuncio (kerigma) y la formación en la fe, no puede ignorar estos medios (n.485).

Debido al ecosistema comunicativo de la sociedad actual, los obispos se comprometen públicamente a hacer un camino junto a los comunicadores, acompañando y animando las iniciativas en este campo (n.486) lo cual implica un considerable cambio de mentalidad.

Se reconoce que Internet como instrumento de comunicación ha potenciado la realidad virtual como espacio de interacción y susceptible de ser evangelizado, es decir que debemos evangelizar el ciber-espacio. (n. 487). Por esta razón se asume Internet con “realismo y confianza”.

De hecho Internet, si bien no remplaza la relación interpersonal, crea nuevos espacios y formas de socialización que son complementarias a las tradicionales. (n.489)

Finalmente, Aparecida reconoce que la brecha digital ocasiona nuevas formas de exclusión, por lo que se hace un llamado a las parroquias, comunidades, centros e instituciones católicos a crear espacios de formación y acceso a Internet para acceder a la cultura mediática. (n.490)

5. La opinión pública y la Iglesia
Ya para terminar y como otro aspecto práctico de la comunicación en la Iglesia, Aparecida muestra su preocupación por el rol de los católicos en la vida pública y la incidencia de la misma Iglesia en la opinión pública de la sociedad, invitando a los agentes de pastoral y en particular a los ministros de culto, a ser “líderes de opinión”, lo cual exigen una formación permanente en temas de coyuntura para la Iglesia y la sociedad.

497. Es necesario comunicar los valores evangélicos de manera positiva y propositiva. Son muchos los que se dicen descontentos, no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia, sino con la forma como ésta es presentada. Para eso, en la elaboración de nuestros planes pastorales queremos:
a) Favorecer la formación de un laicado capaz de actuar como verdadero sujeto eclesial y competente interlocutor entre la Iglesia y la sociedad, y la sociedad y la Iglesia.
b) Optimizar el uso de los medios de comunicación católicos, haciéndolos más actuantes y eficaces, sea para la comunicación de la fe, sea para el diálogo entre la Iglesia y la sociedad.
c) Actuar con los artistas, deportistas, profesionales de la moda, periodistas, comunicadores y presentadores, así como con los productores de información en los medios de comunicación, con los intelectuales, profesores, líderes comunitarios y religiosos.
d) Rescatar el papel del sacerdote como formador de opinión.

A este propósito el documento de Aparecida reflexiona sobre el rol del cristiano en la sociedad y el testimonio público de su fe, “Discípulos y misioneros en la vida pública” es el apartado 10.5 donde se hace un llamado a los cristianos para ser fermento en medio de la masa, en un contexto donde la militancia de la fe es cada vez menor y donde el laicismo va ocupando mayores espacios.


Escuchar y comunicar, dialogar y comprender, son tareas de quienes hoy trabajamos en el campo de las comunicaciones. Y sobre todo servir a todo el quehacer comunicacional de la Iglesia, poner todas nuestras capacidades, tecnología y nuevos lenguajes, al servicio de esa misión que da sentido a nuestra vida.

Junto a nuestro pastores reunidos en Aparecida podemos decir, que cuando un agente de pastoral o un sacerdote ya no pueda comunicar a Cristo, su ministerio no tendría razón de ser; y lo mismo, si un bautizado no podría comunicar a Cristo, su ser cristiano ya no tendría razón de ser.

4 comentarios:

  1. Nos pareció muy importante y muy útil su intervención, hemos extractado un fragmento y lo hemos publicado en nuestro sitio http://www.evangelizaciondosmil.com/content/view/248/69/ y hemos puesto un link al blog para que puedan leer el texto completo. Muchas gracias y Dios lo bendiga.

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  2. Felicitaciones por tan buen resumen, estaba buscando algo como esto. Si no le molesta lo citaré en más de una oportunidad.
    Desde Chile un gran abrazo de quienes estamos diciendo SI al Señor con comunicaDios (comunicadora católica que está comenzando sus actividades) uno de tantos frutos de Aparecida. Bendiciones! Carolina Ibarra

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  3. MUY BUENO, ES CLARO, ENTENDIBLE,
    MUCHOS EXITOS EN SU PAGINA

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